jueves, 8 de julio de 2010

El viejo del sombrero.

    Un lápiz sobre un papel que representa un sueño, una imagen, una idea. Palabras sueltas en una hoja que con el mismo fín se agrupan y se sienten atraídas entre sí. Espacios que las separan y no las dejan abrazarse hacen el papel de distintos colores en un paisaje imaginario, todo creado en un no-espacio mental. La separación, la división, es el tema a tratar.
    Un viejo sentado en una caja frente a una multitud de gente se deja llevar y crea una discusión interna filosófica. "¿Qué hago acá? ¿Qué hacemos todos acá?" Casi preocupado por el tema cierra los ojos y se saca el sombrero. Piensa y piensa. Razona y argumenta. Discute consigo mismo y no se puede ganar.
   Una niña traviesa pasa por el lugar y con cara de alegría e inocencia le pregunta "¿Señor, que está haciendo?"  a lo que el viejo le responde "Pensando m'hijita, solamente pensando". "Al igual que toda mi familia!" le contesta la jovencita.
    Le cayó la ficha, se vive para pensar. Se coloca el gorro, se para y se mezcla entre la multitud, multitud de cerebros con piernas.

lunes, 19 de abril de 2010

Las utopías no sirven para caminar...

¿Como hacer para soñar una utopía y que el mundo que encontrás al levantarte no te desilusione?

 El pequeño se levanto con la ilusión de que todo podía cambiar, de que todo iba a ser mejor. Tomó su pequeño cuaderno y comenzó a anotar todo lo que había vivido en ese sueño tan maravilloso; pero mientras más largo se hacía su escrito, más triste se ponía el chico. Llegó a un punto y decidió releer todo lo escrito; abrió la ventana para salir al balcón, miró las calles de la ciudad y sin dudarlo saltó mientras una lágrima se desprendía de sus ojos ya apagados.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Lobo/Mono - tonía


   Este relato está basado en un adolescente y su gran desorden de pensamiento (no locura, no estupidez ni semejante) que, llegado cierto momento de su vida, lo llevó a sentir en carne viva la esencia de la monotonía. Toda información aquí narrada tiene como fuente a sus amistades, conocidos y, una vez registrada su vivienda, unos escritos propios del personaje en cuestión.
   Según se cuenta, él era una persona normal con un trabajo normal que vivía una vida normal. Concurría a su trabajo de 8 a.m a 18 p.m y el tiempo restante lo dedicaba a holgazanear en su departamento, haciendo nada. Sus allegados cuentan que todo comenzó una jornada en la cual no pudo identificar con claridad que día de la semana era, ya que todos eran iguales. Entonces decidió borrar la palabra “hábito” de su diccionario.
   Este pensamiento sostenido fuertemente por el protagonista, lo llevó a tomar medidas drásticas para cumplir su objetivo, llegando al extremo de atarse de manera diferente los cordones todos los días. Comentan ciertas personas que él había logrado conseguir para cada día una labor diferente, pasando de ser un lunes gerente de banco, un martes taxista, a un miércoles profesor de un deporte que no conocía.
   Encontrarlo se tornaba una tarea muy fatigante dado a que el adolescente había decidido, a fin de lograr su meta, tomar un camino diferente para cada vez que se dirigía a un lugar, que también debía ser diferente a un anterior. Entre tantas calles, puentes y plazas, siempre hallaba un lugar de su agrado y, testigos narran, acampaba allí hasta el siguiente día, su siguiente aventura.
   Se estima que luego de un tiempo de realizar estas actividades, el personaje cayó en cuenta de que vivir cada día de una manera diferente se había convertido en algo habitual, y la decepción lo llevó nuevamente a su departamento en donde se puso a transcribir sus aventuras a un papel, para luego formar una religión “Anti-Hábitos”. Entre historia e historia logró apreciar lo mucho que había vivido, y los investigadores del caso creen que se decidió por probar algo nuevo, lo contrario a la vida.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

A dos voces


            Creo, pero solamente creo, me quebré, me desgarré o algo similar. Un intenso golpe de dolor sube a mi cerebro cuando intento poner el brazo en cierta posición, y yo, para demostrar mis pocas habilidades médicas o, para saciar mi leve instinto masoquista, repito esa acción varias veces.
            Me divierte imaginar como el sentimiento de dolor recorre desde mi brazo hasta mi cabeza, pasando por mis venas, tal como si fuese un barco pasando por un río. Detengo mi ilusión momentánea en el cerebro y me tomo un par de minutos para analizarlo.
            Paso una mirada rápida a modo de pre-análisis y leo algo que me atrae. Tomo una hoja y lo transcribo: “Creo, pero solamente creo, me quebré, me desgarré o algo similar. Un intenso..."

sábado, 28 de noviembre de 2009

Y así, van de la mano

Me siento extraño al extrañarte
me es extraño el extrañar.
Extraño no tener que extrañarte
y poder tenerte a mi par.

Es extraño el extrañar,
pues no extraña un extraño.
Aquél extraño que extraña
extraña el no extrañar.

¿Acaso extraña el extraño
el simple hecho de no extrañar?
¿O es que solo es un extraño
que esta condenado a extrañar?

Porque creo extrañar,
es sinónimo de querer,
Porque creo extrañar,
es sinónimo de perder.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Turba mediante, pensamiento cambiante.

    Parado en medio de una avalancha de personas que se movían sin cesar al ritmo de la música, Juancito logró entender el sentido de la palabra "sociedad". Esa turba de gente reunida por una banda local se hallaba en un delirio inexplicable que se dejaba ver en la manera que transpiraban. El inaceptable olor que los unía a todos en son de fraternidad, era el mismo que los hacía perder el sentido del olfato. En todas las caras se podía divisar una sonrisa de oreja a oreja que coreaba las letras del grupo (algunos solamente movían la boca para no sentirse colgados) a toda voz. El ambiente cargado y la descarga de adrenalina eran, para Juancito, más relajantes que unas vacaciones en la playa de Brasil.
    Creyendo haberse perdido de su grupo, Juancito se alzó intentando ver la bandera que habían hecho para esta ocasión, pero era difícil encontrarla entre otras tantas que había por ahí. Poca importancia le dio y siguió bailando, cantando, saltando y pogueando con los demás acordándose que todos, eran un grupo. ¡Para qué buscar a sus amigos si estaban todos del mismo lado! Visto de esta manera, se puso a pensar si todas las personas presentes en el estadio compartirían los mismos ideales, los ideales de la banda. Llegó a creer que sí y le asustó el hecho de ser "uno más" entre la multitud, pero se decidió que no era el momento de pensar eso y siguió disfrutando del Show.
    Rebotando de aquí para allá, chocó la cabeza con otra persona y, al verlo, advirtió que llevaba la misma remera que él. Nuevamente consideró el hecho de ser uno más y se apresuró a ponerse en cuero. Contento dio media vuelta y notó que, de todos los que lo rodeaban, solamente uno no tenía el torso desnudo, así que rápidamente se puso la remera. ¿Cómo hacer para sentirse diferente entre tantas personas que pensaban, vestían y gustaban igual? No sabía. En ese momento la banda empezó a tocar su tema favorito y se olvidó del asunto. Juancito cree haber perdido un pulmón a raíz de cantar tan fuerte esa canción.
    Entre tanto moverse, ir y venir, terminó encontrándose con sus amigos que estaban hablando con un chico desconocido para él. Se acercó a saludar y se lo presentaron como "Pedrito". Le contaron que vivía cerca de su casa y tenía una hermana, al igual que él. Cuando llegó a conocerlo mejor, se percató que eran idénticos, solamente diferían en la hermana de Pedrito era más bonita (Estaba por ahí y se la habían presentado). Abrumado por tanta cosa en una noche, Juancito se fue del show y se volvió a su casa indignado. Lo habían cambiado por otro. Otro de hermana más linda.
    Al llegar a la casa, dio vuelta su ropero y se dedico a cambiar su personalidad hasta sentirse único. Era una tarea difícil ya que había mucha diversidad y muy pocas cosas no se habían probado. Intentó hacerse pasar por Flogger, pero más que distinto se sintió un pelotudo. Probó vistiéndose y escuchando música de Rapero, pero su oído no lo aguanto y el espejo se le reía. Procuró ser Emo, pero para él la vida en ese momento apestaba demasiado y no quería cortarse las venas. Se hartó y se tiró en la cama.
    Al otro día se levantó y decidió simplemente ser él, no cambiar. ¿Acaso la sociedad no inspira a que todos pensemos y seamos iguales? Más allá de las diferentes modas y estupideces colectivas, Juancito prefería ser un "nada". Quería seguir siendo él.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Y sí, es mejor...

Era la primera vez que dormían juntos. Él se levantó a las 10 a.m como usualmente, y ella lo esperaba en la cocina. Le dijo: "Mi vida, tenés que hacerte el hábito de levantarte más temprano, es malo dormir tanto, te perdés todo el d..." De ahí en adelante, su despertador emitía ruidos molestos todos los días a las 8 30.

Esa misma mañana compartieron su primer desayuno, unos ricos mates matutinos con tostadas. Él preparaba el mate con azúcar, como usualmente, y ella lo miró de reojo y le dijo: "Mi amor, ¿qué te parece si tomamos unos amargos? El azúcar hace mal, te pueden salir gusanos en la panza, además pensá que..." De ahí en adelante, amargos iban a ser los mates.

Luego del desayuno, la práctica usual de leer el diario. Él lo tomó, se sentó en el sillón del living y empezó a hojear los titulares cuando pasó su mujer y le dijo: "Mi cielo, ¿me ayudarías a tender la cama y limpiar un poco antes de leer? Imaginate que viene alguien de visita y está todo desordenado. Es un ratito nomás y después..." De ahí en adelante, nueva costumbre matutina: tender la cama y limpiar un poco.

Limpia ya la casa, hora de leer el diario, ahora sí. Él, sentado en el sillón del living con el diario en mano, encendió un placentero cigarrillo matutino. Una vez más pasa ella por el living y le dijo: "Mi gordito, no tendrías que fumar adentro de casa, imaginate cuando tengamos chicos. Te hace mal a vos y a mí, además pensá en lo que podríamos ahorrar si..." De ahí en adelante, adiós al tabaco.

Llegada la noche, a la cama nuevamente. Noche de fútbol y deportes. Él, acostado de su lado de la cama, prende la TV y pone ESPN para seguir los partidos. Ella, saliendo del baño, le dijo: "Cuchi cuchi, ¿no te parece tarde para andar viendo fútbol? Mañana tenemos que despertarnos temprano, además te altera y no te deja dormir..." De ahí en adelante, enterarse los resultados de los partidos al otro día.

Un día nuevo. Él se levantó siendo una mejor persona; ella, amaneció sola.